¿Cuándo abandonaron los árboles nuestros ancestros? La fuerza de las extremidades esclarece la evolución humana

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Científicos analizan la resistencia ósea de brazos y piernas en fósiles para determinar cuándo los ancestros humanos perdieron la capacidad de trepar árboles.

¿Cuándo abandonaron los árboles nuestros ancestros? La fuerza de las extremidades esclarece la evolución humana
Crédito de imagen: Archaeology

Uno de los mayores misterios de la evolución humana, el proceso de descenso de los árboles al suelo, adquiere un marco más claro gracias a un nuevo análisis biomecánico. Los investigadores han examinado los índices de resistencia de los huesos de los brazos y las piernas de los primeros ancestros humanos para determinar cuánto tiempo continuaron pasando estos seres en los árboles y cuándo realizaron la transición completa a un estilo de vida terrestre [1].

En los análisis realizados, los datos obtenidos de los restos fósiles se compararon con especies de primates modernos. En particular, la estructura ósea de especies como los orangutanes, que se desplazan entre los árboles en busca de fruta, muestra diferencias significativas en comparación con la distribución de la carga que conlleva la vida terrestre [2]. Estas comparaciones ayudan a comprender no solo la estructura esquelética de los homínidos, sino también sus hábitos de movimiento diarios.

El proceso de evolución humana no fue un camino en el que la capacidad de trepar árboles se abandonara de la noche a la mañana. Especies como el Ardipithecus ramidus, apodado 'Ardi', que vivió hace unos 4 millones de años, podían caminar sobre dos pies y poseían dedos prensiles en los pies que les permitían trepar a los árboles [6]. Sin embargo, con el tiempo, hace aproximadamente 2,5 millones de años, junto con la reducción de los brazos y los dedos, nuestros antepasados se adaptaron completamente a la vida en el suelo y perdieron su agilidad en los árboles.

Este cambio evolutivo también simboliza los diferentes caminos seguidos por los humanos y otros grandes simios tras separarse de un ancestro común [3]. A pesar de nuestras similitudes genéticas y anatómicas con parientes cercanos como los gorilas y los chimpancés, el hecho de que nuestras piernas se volvieran más fuertes en proporción a nuestros brazos es el resultado de una estrategia de nuestra especie para recorrer largas distancias en sabanas abiertas. Según los investigadores, esta transformación anatómica sentó las bases de la movilidad que permitió al ser humano moderno dominar el mundo.

Fuentes y lecturas adicionales

Imagen y Fuente de la noticia: Archaeology / archaeology.org