Rastros de la destrucción babilónica en Jerusalén: hallan vigas carbonizadas de 2.600 años

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En las excavaciones del aparcamiento Givati en Jerusalén se han descubierto vigas de sicomoro quemadas, vinculadas a la destrucción babilónica de 586 a. C., que permitirán dataciones con una precisión de hasta 10 años.

Rastros de la destrucción babilónica en Jerusalén: hallan vigas carbonizadas de 2.600 años
Crédito de imagen: I24news

En las excavaciones arqueológicas del aparcamiento Givati, en Jerusalén, se han descubierto vigas de madera carbonizadas pertenecientes a un edificio de alto estatus de la época del Primer Templo, que ardió durante la conquista de la ciudad por el Imperio babilónico en el año 586 a. C. Las vigas de sicomoro, puestas al descubierto en las excavaciones llevadas a cabo conjuntamente por la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA) y la Universidad de Tel Aviv, se conservaron casi intactas durante unos 2.600 años gracias al enlucido de los muros, derretido sobre ellas. Este hallazgo es de gran relevancia, tanto por aportar un testimonio directo de una de las mayores devastaciones de la historia de Jerusalén como por ofrecer un avance notable en la precisión de las dataciones mediante carbono 14.

Un incendio y una capa de cenizas que detuvieron el tiempo

Según explica la codirectora de la excavación, Efrat Bocher, durante el incendio las vigas se desplomaron al suelo y quedaron prácticamente selladas bajo el enlucido que se desprendió de los muros. El hecho de que el descubrimiento se haya producido justo antes de Tisha B'Av, la jornada de duelo del calendario judío en la que se recuerda la destrucción de ambos Templos, confiere al hallazgo una fuerte carga emocional para los investigadores. La destrucción llevada a cabo en el 586 a. C. por el rey babilónico Nabucodonosor II hundió por completo la economía regional y puso fin al periodo del Primer Templo [1].

Una nueva era de precisión: dataciones con un margen de 10 años

Los fragmentos de madera hallados presentan anillos de crecimiento con una densidad poco frecuente en Israel. La experta en radiocarbono de la IAA, Johanna Regev, subraya que gracias a estos anillos han pasado de dataciones con márgenes de un siglo a alcanzar una precisión de unos 10 años. Yuval Gadot, director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, explica que cada anillo representa un año de crecimiento y que, a partir de muestras tomadas de ellos, están elaborando un mapa de alta resolución de las fluctuaciones del carbono 14. Este método crea una base crítica para verificar la cronología de hallazgos previamente descubiertos en el Monte del Templo y de otros objetos de las primeras épocas de la ciudad [5].

Una decisión para preservar la memoria

El otro director de la excavación, el doctor Yiftah Shalev, señala que los israelitas que regresaron del exilio decidieron no retirar a propósito los restos quemados, sino dejar la destrucción en su lugar y construir las nuevas estructuras sobre esos escombros, con el objetivo de mantener vivo el recuerdo de la catástrofe. Este hecho se considera uno de los ejemplos arqueológicos más tangibles de la necesidad humana de conservar en la memoria el pasado y el sufrimiento. Esta histórica loma, conocida como la Ciudad de David, sigue siendo uno de los principales yacimientos arqueológicos donde se documentan las huellas tanto de la destrucción del Primer Templo como de periodos posteriores [6]. Para contextualizar este hallazgo y profundizar en el tema pueden consultarse [2] [3].

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